Elogio del abandono… ¿ángeles caídos?

 

 

No hay peor vicio que ser deslenguado y para guinda, embustero, tracalero y mala gente. Eso de ofrecer redimir a los «niños de la calle» -endulzando el duro término por ¨niños en situación de calle¨– solo para ganar adhesiones, simpatías y votos, muestra el feo talante de un alma torva. En su entorno, la cuadrilla de hombres y mujeres soberbios y prostituidos no dicen la verdad, no guardan la palabra empeñada ni aquel juramento que avarientos e inicuos hicieron con su mano derecha sobre el corazón y mirando al cielo; por algo la traición es su sino…

Estos infantes medio vestidos son los sobrevivientes de aquellos otros niños muertos que riegan los jardines del cielo cuando la tasa de mortalidad infantil rebasó con creces la cota de la decencia; de aquellos para los cuales no hubo lactancia materna, ni protección para su desnudez sino cajas de cartón para acunarlos; que no tuvieron derechos y que bajo un régimen comunista nunca los tendrían; que según sus cánones no merecen la vida; que a tan tierna edad sintieron la desnutrición extrema de sus madres adolescentes y de ellos mismos; que fueron pasto de tantos Minotauros modernos comedores de vidas: tuberculosis, desnutrición obesa (kwashiorkor), infecciones de toda laya, el arador de la sarna y el piojo que mortifica, de esos infantes que no han sido rescatados o exculpados, sino que se les ha envilecido aún más; han crecido como yerba mala con el sino de una adversidad maligna, sin cuidados y sin contención; que han devenido en manadas de lobos hambrientos medrando por la ciudad robando y asesinando pues han visto sin horror los más terribles ejemplos, los más contagiosos vicios de aquellos ahítos de dólares, de aquellos caballeros, los paradigmas del poder sin medida.

Se han trocado en el «hombre nuevo» de la revolución bolivariana producto de una sociedad hecha rastrera: pletórico de fervor revolucionario, de ¨humanidad¨, de ¨amor¨, pero además,  flacos, entecos, macilentos, desvestidos, comedores de basura, de verbo enconoso, agresivo y destemplado siempre a flor de boca, huracanes portadores de odio social que ha desquiciado sus tiernas vidas y trocado su corazón en duro tejido tallado por privaciones y tristezas, con signos siniestros grabados en el aire pendiendo sobre sus cabezas…

Es el ¨hombre nuevo¨, el niño que tendríamos como tierno, el ciudadano en ciernes a quien se pregunta en las barriadas de Caracas, ¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?  Y la respuesta clara, sin titubeos y sin lugar a dudas es, ¡Pran!, nombre que en nuestro país designa a los grandes jefes de las bandas criminales que operan en y desde las instituciones carcelarias bajo el amparo del Estado criminal, pero que también reina en las calles siendo responsables de 25.000 homicidios por año, víctimas con 30 o más impactos de bala en el cuerpo, 92% impunes, cuerno de caza que a gritos denuncia la complicidad y la tolerancia por parte de los órganos de seguridad del Estado que paga por sus armas y les suministra municiones.

Pero hay otros tipos de ¨nuevos hombres¨; un conocido mío del posgrado de medicina interna de la UCV, por quien profesé tanto afecto y enseñé cuanto sabía, durante su nefasto paso por la Oficina de Estudios para Graduados cometió traición a su Alma Mater y a sí mismo, y permitió que médicos de nuevo cuño, salidos nonatos de correas de producción en masa, recién egresados de la faltosa Universidad Bolivariana ingresaran directamente en los postgrados clínicos sin respetar las acordadas y necesarias prelaciones. Allí se palpa el producto de la alevosía: Hoy les vemos graduados, luciendo el despropósito de ser flamantes neonatólogos ¨express¨ aunque nunca fueron pediatras, un déjà vu de fracasados socialismos, tamaña injusticia para con los pobres y desheredados de toda posibilidad de ascenso en sus vidas, engendros que además, tienen a la Ministra Caporale como la «orgullosa madrina».  Por seguro que tú nunca hubieras permitido que uno de esos hubiera tratado un hijo o un nieto tuyo en situación de necesidad… Gracias a los que apoyas, en esa ¨potencia industrial¨ de mis tormentos, ha habido más de 4 mil neonatos muertos en hospitales venezolanos durante 2016.
Cuando llegue el momento no habrá escondrijo en la tierra ni guarida en el cielo para acallar los lamentos e impedir que la espada inflexible de San Miguel Arcángel sobaje a los ensoberbecidos como lo hizo con Luzbel

¿Es esta la patria que tenemos y de la que tanto se ufanan? Por cierto se nos ha desdibujado el concepto de patria. Una patria diseñada por un par de ancianos cubanos –ahora solo uno vive sus remordimientos- para vaciarnos las venas y vivir en nuestra propia tierra con dolor acumulado viendo tanta infamia, estela de tristeza e impunidad rampante, donde en el propio Banco Central se maquillan las ¨muchachitas del pueblo¨ para ser pasto de la vulgaridad y la lascivia…

¨La verdad y la confianza son el pegamento de la vida. Es el principio fundamental que sostiene todas las relaciones¨.

Stephen R. Covey

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